Han pasado doce años desde que supiéramos de manera generalizada que tendemos hacia la feminización de la pobreza [1] y que para superar la discriminación contra las mujeres, lograr una mayor igualdad e incluso mejorar la calidad de la cooperación para el desarrollo, es necesario realizar políticas específicas de género, además de, simultánea y complementariamente, planificar e implementar el resto de las políticas públicas según esta perspectiva. Por Paula Cirujano
Fuente: Rebelión
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